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La conveniencia o no de apagar la calefacción

Es muy común pensar que cuando se apaga la calefacción cesa el consumo; ello es debido a que se olvida que es el edifico el que demanda calefacción. Cuando el sistema de calefacción se pone en marcha, antes de alcanzar las temperaturas de confort se calientan los cerramientos, lo que incrementa el consumo correspondiente y se pierde una parte importante del ahorro obtenido en la parada. La conveniencia o no de apagar la calefacción está indicada por la inercia del edificio. Para valores elevados, es decir, cuando sus cerramientos son pesados, es más adecuado no parar la calefacción. Igualmente, en las zonas más frías también se recomienda no pararla. El número de horas de uso de la vivienda también influye en el comportamiento del sistema, ya que si es muy elevado conviene establecer horarios continuos.

En general, en los edificios de viviendas lo más adecuado es establecer horarios continuos con temperaturas inferiores en las horas de desocupación de las viviendas (lo que se denomina habitualmente “calefacción reducida”). Así, en los periodos de baja ocupación la calefacción entra en funcionamiento lo suficiente para evitar que la vivienda se enfríe en exceso. De este modo, en el momento de su reinicio se logra la temperatura de confort de manera más rápida